Sobre la malaria

¿Por qué centrarse en la malaria?

La malaria es una enfermedad infecciosa que se propaga por la picadura del animal más mortífero del mundo: el mosquito. Una vez dentro del organismo, el parásito se aloja en el hígado, se multiplica y se expande por el riego sanguíneo donde empieza a infectar los glóbulos rojos. Las personas que contraen la malaria padecen fiebres altas, escalofríos y síntomas parecidos a la gripe. Sin tratamiento, la malaria puede ser fatal y una significativa carga en los sistemas de salud de las regiones en desarrollo.

 

 

Medio mundo está en riesgo

Los parásitos de la malaria infectan a 200 millones de personas y matan a unas 400.000 cada año. Esta enfermedad afecta básicamente a países tropicales y sub-tropicales en Asia, África subsahariana y América. Incluso en Europa y Norteamérica, se diagnostican miles de casos al regreso de viajeros infectados.

 

Las cepas de malaria más mortíferas desarrollan resistencia a nuestros fármacos más efectivos

La resistencia al tratamiento más común, la Artemisinina, por parte de la cepa Plasmodium falciparum ha sido detectada en el sureste de Asia. ¿El motivo? La Artemisinina se ha usado en el sureste de Asia durante décadas, más que en cualquier otro lugar en el mundo, dando al parásito más tiempo para adaptarse. El uso generalizado de medicamentos falsificados, junto con la dosificación inadecuada ha acelerado la resistencia.

 

Los investigadores dependen del microscopio para el seguimiento de casos de resistencia a los fármacos

La mayoría de casos se diagnostican usando un test de diagnóstico rápido (RDTs), un dispositivo de diagnóstico parecido a un test doméstico de embarazo. Mientras que los RDTs son rápidos y fáciles de usar, la microscopía puede identificar la especie de malaria y sobre todo el recuento de parásitos. Por esta razón, es fundamental la monitorización de la efectividad de los fármacos.

Sin embargo, el análisis de una extensión de sangre a través del microscopio, precisa de técnicos de laboratorio expertos para la observación de hasta 100 campos de visión distintos durante más de 20 minutos para realizar un diagnóstico.

 

La malaria es una de las enfermedades más difíciles de identificar en una muestra para microscopio

Hay muy pocos microscopistas altamente especializados en malaria en el mundo que puedan hacerlo con precisión. A niveles muy bajos de infección, el microscopista debe ser capaz de localizar un solo parásito entre 100.000 glóbulos rojos (el equivalente a encontrar una canica en un campo de futbol), en 20 minutos. La fatiga, combinada con un gran número de muestras y la poca familiaridad con el parásito, provoca diagnósticos erróneos y limita a los investigadores la capacidad de comparar resultados a través del territorio.